Reflexiones y consideraciones a tener en cuenta en proyectos de invernaderos para cultivo de Cannabis Medicinal

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Por Amir Abbas-Khan, J. Huete International Medical Cannabis Project Manager

Hoy en día, es cada vez más frecuente la emisión de nuevas licencias y por lo tanto la ejecución de nuevos proyectos de Cannabis Medicinal. Se trata de un sector y de un mercado que no ha alcanzado todo su potencial y que prácticamente está dando sus primeros pasos en la mayoría de los países, salvo en algunas excepciones como los Estados Unidos, que suma una trayectoria más amplia.

Los proyectos de Cannabis Medicinal aglutinan aspectos fundamentales, incluso decisivos, a la hora de asegurar el éxito en la explotación y también en el diseño y en la construcción de las instalaciones. La preocupación por evitar problemas y cumplir con todos los requerimientos es cada vez mayor, por lo que los proyectos son cada vez más exigentes. Y ahora más por culpa de los graves problemas energéticos.

Especificaciones a tener en cuenta en proyectos de Cannabis Medicinal

Algunos de estos aspectos son las normas y protocolos, tanto GACP, como GMP, además de otras facetas evidentes como el control de los parámetros físicos, químicos y biológicos del cultivo.

Es decir, no sólo es importante cumplir con todos los estándares internacionales y locales para poder producir y exportar, sino que también debemos asegurarnos de tener controlados con la mayor precisión posible parámetros como la temperatura, la humedad relativa, el DLI y la concentración de CO2.

Es posible aumentar aún más el grado de éxito del proyecto controlando la calidad de aire a través de su filtración, creando presión positiva, puesto que no debemos olvidar que se trata del sector farmacéutico y toda precaución es poca.

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La mayoría de clientes suele mostrarse concienciada acerca de estas variables y su importancia en proyectos de Cannabis Medicinal, pero no hacen lo mismo cuando se plantean la operatividad de su futuro invernadero, ni su logística.

Por ejemplo, se suele estudiar y tener en cuenta la gestión de las cosechas, de forma que los proyectos se diseñan para poder cumplir con los objetivos propuestos de frecuencia de cosechado y por lo tanto de suministro del producto final. Con este fin se prevé cierta cantidad de compartimentos, necesaria para ello. Ahora bien, a pesar de diseñar los proyectos teniendo en cuenta la frecuencia de cosechado en relación al ciclo de la planta, o mejor dicho de la genética en cuestión, ya que pueden ser de ciclo corto o largo, hay una serie de factores y actividades que pueden desajustar lo que se había diseñado previamente.

Es decir, debemos tener en cuenta la duración de la limpieza y desinfección de los compartimentos que ya han sido cosechados y cuya materia prima se lleva a la línea de procesado, pero no es lo único que debemos tener en cuenta. Es bien sabido, por los profesionales del sector que existen diferentes tipos de recubrimientos que se escogen en función de las características climáticas de la región en cuestión, ya que no es lo mismo usar plástico, doble cámara de plástico, policarbonato o cristal. En este caso no llegaremos a profundizar en las características técnicas de todas las alternativas de recubrimientos existentes, sino que nos centraremos en la vida útil de los mismos y mencionaremos por encima otras especificaciones para facilitar una mayor comprensión de la importancia de esta elección.

Policarbonato

En el caso del policarbonato, podemos suponer unos 10 años de vida útil, aunque este material irá perdiendo sus características más rápidamente si lo comparamos con el plástico, cuya vida útil es menor, siendo de 3 a 4 años en función de la radiación que llega a la finca y dependiendo de si se trata de una capa de plástico o si bien instalamos una doble cámara de plástico.

Cristal

Por otro lado tenemos el cristal, conocido como Venlo, cuya vida útil también resulta ser más amplia que la del plástico, pero no es aconsejable su uso en ciertas regiones del mundo, ya que no resulta fácil manejar algunos parámetros como la humedad relativa y por ello se incrementan las renovaciones de aire y esto puede llevar a una serie de problemas si no controlamos biológicamente las renovaciones. Además, no se trata de un material que sea adecuado para aislar las salas del frío, lo mismo sucede al querer mantener el calor, siendo mejor que el plástico simple, pero teniendo peores características aislantes si lo comparamos con el policarbonato o la doble cámara de plástico, puesto que ambas soluciones proporcionan niveles de aislamiento similares.

Este tipo de recubrimiento, el Venlo, es más común en zonas como Canadá, Países Bajos o Europa del este, donde hay una carencia de radiación solar. Esto es porque el cristal pierde con menor celeridad sus características de transmisión de luz.

A raíz de lo expuesto, es habitual que los clientes que planifican ubicar sus proyectos en determinadas partes del mundo opten por el policarbonato en el perímetro por su durabilidad y el menor riesgo de sufrir roturas, pero puesto que la principal ventaja de los invernaderos es el aprovechamiento de la luz natural, además del menor coste si se compara con el cultivo indoor, es frecuente el uso del plástico o del doble plástico en el recubrimiento del techo, ya que tiene mayor transmisión de luz que el policarbonato y es más económico que dicho material y que el cristal.

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